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09 febrero 2007

Cita

En todas partes suceden todo tipo de cosas escandalosas, pero sólo porque les sucedan a personas con jardín no significa que los jardines sean despreciables

08 febrero 2007

Cita

me parece que un oído casi perfecto es tan esencial para un novelista como su riñón, por ejemplo. Es preciso captar acentos, escuchar lo que se dice cuatro mesas más lejos. Esto es escuela literaria elemental en lo que a mi respecta

26 octubre 2006

ustedes, los novelistas


John Cheever y John Irving at National Book Award
25 de junio, 1979

© Fred W. McDarrah


En el curso de mis investigaciones para obtener los datos técnicos que figurarían en la novela(*), presencié el nacimiento de varios bebés, vi realizar una serie de abortos y otras intervenciones ginecológicas. Nunca me desmayé ni vomité, pero la operación para extraer un tumor abdominal me hizo sudar. En un momento determinado, cuando la paciente, aunque estaba anestesiada por completo, abrió los ojos y pareció mirarse con fijeza las entrañas, que estaban amontonadas sobre su abdomen (no dentro de lla, donde deberían estar)... en fin, en ese momento tuve la sensación de que no me llegaba suficiente aire a través de la mascarilla.
-¡Está despierta! -le susurré al anestesiólogo, que parecía dormido.
Él miró tranquilamente a la paciente.
-Cierra los ojos, cariño -le pidió, y ella obedeció enseguida.
Más tarde el anestesiólogo me dijo:
-Eso que ustedes, los novelistas, llaman estar despierto tiene diversos grados.


(*)se refiere a Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra

en Mis líos con el cine
John Irving
pág. 28
Tusquets, 2000