12 abril 2007

"Bellow fue el Cristóbal Colón de la gente como yo" Philip Roth



Video en castellano (para variar) en youtube donde se mezclan: Sufjan Stevens, Ian McEwan, J. M. Coetzee, Jack Nicholson, William Kennedy, Philip Roth y Marilyn Monroe



(...)

En resumen, el intérprete debe ser capaz de imponerse. Resulta más fácil si es un Nabokov y habla con la natural autoridad de un artista aristocrático, un boyardo, un autócrata hereditario. El problema, entonces, cobra un matiz ideológico, y la gente empieza efectivamente a protestar y a denunciar la explotación tiránica de los tradicionalistas, misóginos, racistas, imperialistas: esos machos blancos, pasados ya a mejor vida, cuyas obras, calificadas de clásicos, se nos impone. No todo el mundo puede rendirse ante la promesa del gozo estético. Para algunos, la liberación (quizá seudoliberación) es el ideal más elevado. O la destrucción de los iconos. O la insatisfacción perpetua. Tal como el autor Leonard Michaels ha escrito recientemente: "Nos hemos abandonado a los encantos de la posibilidad indeterminada, o al estremecimiento de la novedad infinita". Y en el mismo párrafo añado que "el valor ha escapado de la especificidad humana".

En la actualidad, los escritores prestan atención sin dificultad alguna; se han formado en la atención, y la inducen en sus lectores (sin un grado elevado de atención, el gozo estético es imposible).
"Procura ser de los que no se pierden nada", aconsejaba Henry James al aprendiz de novelista.
Y Tolstói, en su ensayo sobre Mauppasant, dice que un autor debe escribir con claridad, adoptar un punto de vista moral y ser capaz de prestar la más minuciosa atención al tema y los personajes. Sin la menor vacilación, Nietzsche nos advierte de que la época moderna se interesa principalmente en el Devenir e ignora el Ser. Y quizá por eso el perpetuo Devenir nos corroe como una enfermedad mortal.

(...)

Y por eso compite el artista con otros solicitantes de atención. No se trata de una competición en el sentido atlético de la palabra, su objeto no es expulsar a los rivales de la pista. Nunca se alzará con un triunfo indiscutido. No habrá un resultado claro; los elementos están demasiado mezclados para eso. Las fuerzas adversas son demasiado imponentes para vencerlas. Son las fuerzas de un mundo electrificado y de una transformación de la vida humana cuyo resultado no puede vaticinarse.

Tocqueville anunció que en los países democráticos el público exigiría a sus escritores dosis cada vez mayores de emoción y estimulantes cada vez más poderosos. Probablemente no esperaba que el público se dramatizara a sí mismo hasta el punto de hacer de la escena mundial el teatro de todos, ni que, en los países desarrollados, se entregara al alcohol y las drogas para escapar a los horrores de la incesante tensión, al tormento de las emociones y la distracción. Hay muchos autores que no hacen sino satisfacer la creciente demanda de emociones. Creo que esa demanda, en el lenguaje de la mercadotecnia, ha alcanzado su nivel más alto. ¿Puede llegar a dominarse tanta emoción, tanto desorden? Eso habrá que preguntárselo a los analistas y expertos de toda especie. Lo suyo son las predicciones. Lo que importa a los narradores de historias y novelistas son las esencias humanas descuidadas y olvidadas por un mundo distraído.


"La distracción del público"
Conferencias Romanas, Universidad de Oxford
10 de mayo de 1990

incluído en Todo Cuenta. Del pasado remoto al futuro incierto (It All Adds Up)
Saul Bellow
DeBolsillo
Traducción de Benito Gómez Ibáñez
enero, 2007

2 comentarios:

Francisco Ortiz dijo...

Pero no hay que despreciar la literatura aparentemente de consumo, porque en ella hay verdaderas joyas. Onetti, ya viejo, leía mucha novelas policíacas. Es un ejemplo.

VanVeen dijo...

No lo quisiera ver así, preferir atravesarlo todo es ese placer reservado, sobre las trenzas que las nubes forman cielo abajo, vacío de uno mismo. Pensar que nacen nuestras ideas en un mundo diáfano de otras anteriores, más que una idiotez, es una solución fácil de las cosas.

VanVeen.