17 septiembre 2007
13 septiembre 2007
La familia Wapshot en tiramillas.net

John Cheever (1903-1982) es un escritor maravilloso. La crítica americana más afecta a la línea vanguardista de Barth o Pynchon lo minusvalora por 'tradicional', pero permítasenos que pasemos esas opiniones por alto y lo situemos entre los grandes de la literatura contemporánea. Un ejemplo son estas dos novelas, recogidas por Emecé -que ya ha publicado un volumen de cuentos del escritor estadounidense- en un tomo y consideradas las mejores de John Cheever; no en vano, la primera de ellas recibió el prestigioso National Book Award en el año 1958. La saga de los Wapshot engarza con la mejor tradición de Dickens y Henry James, pero con el toque ácido y moderno de la película "American Beauty". Y todo ello con una prosa tan eficaz como desarmante. En resumen, el mejor modo de acercarse a un escritor cuya vida estuvo marcada por la depresión y el alcoholismo y que supo retratar como nadie la vida de los barrios residenciales americanos.
¿Cuentos Completos, completos?
Esperemos que sí, y en castellano. Así lo cuenta El Periódico.com aquí:
editorial Proa, al menos, ha anunciado la próxima publicación de los Cuentos completos de John Cheever, una ocasión para tirar cohetes.
La editorial no da más detalles. Esperamos impacientes...
de Proust
Observándose de lejos, con mirar irritado,
morirán los dos sexos, cada uno por su lado.
30 agosto 2007
La geometría... en Lector mal-herido
Suelo dejar los prólogos de los libros para el final, más que nada porque cuando acabo el libro, como el prólogo está situado al principio, se me olvida leerlo. Odio los prólogos. Te dicen lo que tienes que pensar del libro, te señalan sus virtudes y las páginas en las que tienes que emocionarte. Los prólogos son nocivos, sabihondos, sabiondos, repelentes. Además, suelen estar escritos por expertos y fanáticos de la obra, lo que crea en ésta un efecto similar al que produciría un comediante que empezara así los chistes: ¡Con este os vais a partir de risa!
El pis no tiñe de rojo las piscinas

Gafas de sol, copa, colchoneta y The sound of silence. Cuando el señor Braddock rompe la magia estival y le pregunta a su hijo qué hace, Benjamin (Dustin Hoffman) contesta displicente: "Dejándome llevar, aquí en la piscina". El problema es que las aguas quietas de piscinas como las de El graduado (Mike Nichols, 1967) no llevan a ningún sitio. De hecho, son metáforas del estancamiento.
El mismo año que el mundo conoció a la señora Robinson, David Hockney congeló en A bigger splash las piscinas californianas: perfectos rectángulos celestes con bordillos rosas. La de El graduado se ajusta al canon pop, pero la otra alberca mítica del cine está en blanco y negro. La localización sí es correcta: "Estamos en Sunset Boulevard, Los Ángeles, California". Así comienza El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950). Lo dice William Holden con voz en off, ya que su cuerpo flota boca abajo. Desde esa primera línea hasta la última -"estoy preparada para mi primer plano", de Gloria Swanson-, la película se desenvuelve implacable como una obra maestra. Cuando Wilder encontró la mansión digna de Norma Desmond (era la casa de la segunda mujer de Paul Getty, que la heredó en el divorcio), sólo faltaba un detalle: no tenía piscina. El director cavó el agujero, pero no instaló un sistema de depuración, por lo que el hoyo sólo se usó otra vez más, por los personajes de Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955) que discutían en su vientre seco y vacío.
Las aguas estancadas han servido en el cine como tumbas líquidas. Mala idea. Que se lo digan a Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955), amante y esposa de un cadáver que no se está quieto bajo el agua. En el bordillo de La piscina (Jacques Deray, 1969), Alain Delon le quita el bikini a Romy Schneider entre risas y forcejeos, pero su felicidad se rompe con la visita de un ex amante de ella y su hija (una jovencísima y larguirucha Jane Birkin que palidece ante la belleza compacta y treintañera de Sissi emperatriz). La espectacular alberca de Saint Tropez es protagonista y escena del crimen de este filme plagado de frases demasiado francesas ("no me gusta el verano, prefiero las estaciones intermedias", dice Schneider). El mensaje viene a ser: no te zambullas en la piscina del prójimo.
En la argentina La ciénaga (Lucrecia Martel, 2005) la piscina es un pozo donde se ahoga (emocionalmente) una familia demasiado perezosa para dar la brazada final que los saque de sus disfunciones. A pesar de ser una película fría y distante, se pasa un calor terrible y casi se puede oler cómo se pudren el agua y las relaciones. Pero de todas las piscinas, las más tristes son las de El nadador (Frank Perry y Sidney Pollack, 1969), donde Burt Lancaster es un Narciso de mediana edad, que viéndose aún maravilloso en sus pantaloncillos de baño, decide cruzar el condado a nado de chalet en chalet. La historia, sacada de un relato de John Cheever, mezcla costumbrismo y surrealismo alegórico. El río artificial formado por las piscinas es un viaje existencial al fondo del sueño americano. A medida que cruza propiedades, el nadador pierde fuelle y el verano se acaba en un solo día. ¿Qué ha ocurrido? Bajo la perfecta y calma superficie de espejo que soñó América yace la imposibilidad de acotar el mar.
P. G.
17/08/2007
18 julio 2007
Sí, novelas
(págs. 37-39)
Sí, novelas, pues no voy a adoptar esa poco generosa y poco política costumbre, tan común en los que escriben novelas, de denigrar con su despectiva censura las mismas manifestaciones cuyo número están ellos mismos incrementando, haciendo frente común con sus mayores enemigos al lanzar los más duros epítetos contra tales obras y no permitiendo casi nunca que las lea su propia heroína, la cual, si por casualidad coge una en sus manos, siempre hojeará sus insípidas páginas con desprecio. Porque ¡ay!, si la heroína de una novela no es defendida por la de otra, ¿de quién puede esperar protección y consideración? ¿Cómo no vamos a sublevarnos contra esto? Dejemos que los periodistas censuren a sus anchas tales efusiones de la fantasía y ante cada nueva novela repiten los manidos y tontos argumentos con que la prensa gruñe en la actualidad. No nos engañemos ante nosotros: somos un cuerpo vituperado. Aunque nuestras producciones han gustado a más gente de modo esponta´neo que las de cualquier otra corporación literaria del mundo, ningún otro tipo de literatura ha sido tan criticado. Por causa del orgullo, la ignorancia o las modas, nuestros enemigos son casi tan numerosos como nuestros lectores, y mientras que el talento del enésimo compilador de la Historia de Inglaterra, o de quien reúne en un volumen y publica una docena de líneas de Milton, de Pope y de Prior con un artículo del Spectator y un capítulo de Sterne, recibe los elogios de un millar de plumas, parece existir un deseo casi general de criticar la capacidad del novelista, menospreciar su obra y restar mérito a los escritos de quienes no tienen otra recomendación que su inventiva, su buen gusto y su genio. "No soy yo lector de novelas..." "Rara vez leo novelas..." "No vaya usted a creer que yo leo novelas..." "No está nada mal para ser una novela..." Tales son los tópicos más frecuentes. "Y ¿qué está usted leyendo, señorita...?", "Bah, ¡no es más que una novela!", replica la joven dejando a un lado el libro con afectada indiferencia o momentánea vergüenza. No es más que Cecilia, Camilla o Belinda: en resumidas cuentas, no es más que una obra en la que se manifiestan las más nobles facultades del espíritu, una obra que transmite al mundo el más profundo conocimiento de la naturaleza humana, la más acertada descripción de sus variedades, las más animadas muestras de ingenio y de humor con el lenguaje más escogido. Ahora bien, si la misma joven hubiera sido sorprendida leyendo un tomo del Spectator en lugar de tal obra, ¡con qué orgullo habría mostrado el libro y pronunciado su nombre! Aunque existen pocas probabilidades de que una joven se interese lo más mínimo por esa intrincada publicación, cuyo contenido y estilo no pueden sino desagradar a los jóvenes de buen gusto, al consistir lo esencial de sus artículos en la exposición de circunstancias improbables, personajes poco naturales y temas de conversación que ya no interesan a nadie que esté vivo, y todo ello en un lenguaje a menudo tan tosco que produce una impresión muy poco favorable de la época que pudo soportarlo.
Jane Austen
ALBA, 2006
Traducción: Guillermo Lorenzo
09 julio 2007
en La contravida de Philip Roth
-Bueno, llevo toda la vida leyéndola. Empecé a los trece años con Orgullo y prejuicio, y no he parado desde entonces.
-Y ¿cómo así?
Esto último provocó una sonrisa glacial.
-¿Hace mucho tiempo que no lee usted a Jane Austen, señor Zuckerman?
-Desde la universidad.
-Pues vuelva usted a leerla, y comprenderá por qué la leo yo.
-Lo haré, pero lo que le pregunto es qué obtiene usted de su lectura.
-Recoge fielmente la vida, y lo que dice de ella es muy profundo. Me entretiene muchísimo. Los personajes están muy bien. Me gusta mucho el señor Woodhouse de Emma. Y el señor Bennet de Orgullo y prejuicio, también. Me gusta mucho la Fanny Price de Mansfield Park. Cuando regresa a Portsmouth, tras haber vivido con los Bertrams a todo tren y con toda elegancia y vuelve con su familia y queda tan impresionada por su miseria... A la gente le parece eso muy rechazable y todo el mundo dice que es una snob, pero será porque yo también lo soy, supongo, pero me identifico con ella. Es así como hay que comportarse, si vuelve uno a caer en un nivel de vida muy inferior.
-¿Cuál de sus libros le gusta más?
-Bueno, supongo que siempre me gusta más el que estoy leyendo en ese momento. Los leo todos cada año. Pero, a fin de cuentas, es Orgullo y prejuicio. El señor Darcy es muy atrayente. Y también me gusta Lydia, con todo lo alocada y lo tonta que es. Está muy bien retratada. Conozco a tantas personas así, ¿comprende usted? Y ni que decir tiene que me identifico con el señor y la señora Bennet, con tantísimas hijas por casar.
No fui capaz de determinar si esta última afirmación constituía una especie de golpe alevoso, si la buena señora era una mujer peligrosa o se estaba comportando beatíficamente.
-Lamento no haber leído sus libros -me dijo-. No leo mucha literatura norteamericana. Me supone un gran esfuerzo entender a los personajes. No los encuentro atrayentes, ni puedo identificarme con ellos, me temo. En realidad, no me gusta nada la violencia, y la hay a raudales en los libros norteamericanos. Por supuesto, no en Henry James, que me gusta mucho, aunque supongo que a duras penas cabe incluirlo entre los norteamericanos. En realidad, es un observador del ambiente inglés, y creo que en realidad se le da muy bien. Pero ahora lo prefiero en televisión, me parece. Tiene un estilo más bien ampuloso. En televisión, cuando ves sus libros, van al grano mucho más deprisa. Hace poco pusieron El expolio de Poynton, y ni que decir tiene que me interesó especialmente, dada mi afición a los muebles. Lo hicieron estupendamente bien, me pareció. También pusieron La copa dorada. Lo pasé muy bien. Es un libro larguito. Sus libros, los de usted, están publicados aquí, ¿verdad?
Philip Roth
Traducción de Ramón Buenaventura
De Bolsillo - Contemporánea
Primera edición Abril 2007
03 julio 2007
02 julio 2007
¿Qué escritores le interesan?
Entre los maestros del relato breve, el más grande para mí es John Cheever. Fue un poco mi padre literario y le echo terriblemente de menos. Era un hombre atormentado, con un humor muy ácido y una agilidad mental extraordinaria.
Entrevista a John Updike
01 julio 2007
La feria del mundo E. L. Doctorow
(páginas 72-74)
-¡No la toques! -dijo mi hermano-. ¿Es que no sabes lo que es eso? ¿Eres idiota?
¡Ah, qué vida rugiente y acribillada por el sol la de la playa! Diminutos agujeros que soltaban burbujas en la arena. Aves con las patas como palillos de dientes que hacían frente al golpe de la ola. Gaviotas que se cernían y planeaban frente a la orilla. Donald y yo corrimos hasta el recinto sombreado de los soportales del paseo de tablas. Soplaba el viento marino a través de los salones de juegos abiertos. Estábamos descalzos, y lanzamos bolas de madera por las rampas e hicimos girar la rueda para que la excavadora en miniatura de la jaula de cristal agarrase el premio. Queríamos el cortaplumas de verdad, y el encendedor de plata. Sólo conseguimos bolas de chicle.
Tengo arena en la entrepierna. Me estoy poniendo rojo; el sol me está hinchando. Como sandwiches encima de la manta y bebo Kool-Aid de cereza, que es como Jell-O líquida. Sólo se habla a gritos; el ruido de las olas es atronador. Temo a dos cosas, el agua que se rompe y salta a mis pies y las hordas de seres humanos del desierto entre los que puedo perderme. Policías de uniforme traen a niños deshechos en llanto hasta las familias acampadas en sus mantas. La vida aquí es dura; más policías de camisa y pantalón oscuros y gorra con visera de cuero, y con pesados cinturones y pistolas, están de pie en el paseo de tablas vigilando las masas de cuerpos desnudos, mientras, a su espalda, grandes caras de payaso sonríen desde la falsa fachada del parque de atracciones. Ellos no se dejan engañar. Saben que por todas partes están ocurriendo cosas malas. Los bañeros sacan a un niño agotado, y una ambulancia retrocede hasta los escalones del paseo de madera que lleva a la playa. Levanto diques de arena a mi alrededor. Busco apoyos, y me entierro la pierna hasta la rodilla. Estoy en medio de la sal y el sol, y de un mar de voces. Todo esto me aplasta, pero no me ahogo.
Ahora me parece que fue en ese sitio elemental, en esas playas públicas atiborradas en medio de la más deslumbradora y cruda luz del día, donde aprendí el esclarecedor miedo al planeta. Veía por todas partes a hombres haciendo el pino o subidos a los hombros de otros. Mujeres de carne y hueso dormían tumbadas en la arena. Sin necesidad de reconocer ningún nombre, entre el griterío y el pulular de los pobladores del mundo en la ceremonia semidesnuda de un domingo tribal, se produjo en mí la callada revelación de una vida inexpresable. En ese estado de claridad recibí la inspiración para susurrar la palabra condón. Fue como si todos los ruidos hubiesen cesado, las voces, el agudo chillido de las gaviotas, las sirenas y el retumbar del oleaje, para que esa única palabra fuese pronunciada a modo de iluminación. Sentí a través de mis dedos un tacto de huesos en la arena, como fútil arqueólogo que desenterrase un pasado mineral. Reconocí en el calor de la arena el posible invisible de una luz lejana, y del agua azul y reluciente tomé el movimiento interminable y la inimaginablemente frígida profundidad. Todo eso, asombrosamente, era; y yo, de rodillas en medio de mi percepción que se iba encarnando, me sentí inefablemente primitivo, a gusto, temeroso, alegre.
La feria del mundo
Planeta
Traducción de César Armando Gómez
Chewing out a rhythm on my bubble gum
The sun is out and I want some.
Its not hard, not far to reach
We can hitch a ride
To rockaway beach.
Up on the roof, out on the street
Down in the playground the hot concrete
Bus ride is too slow
They blast out the disco on the radio
Rock rock rockaway beach
Rock rock rockaway beach
We can hitch a ride
To rockaway beach
Its not hard, not far to reach
We can hitch a ride
To rockaway beach.
"Rockaway Beach"
The Ramones
El pasado es un país extranjero
Caras que asoman desde el pasado y vienen gastadas por el tiempo. ¿Te acuerdas de mí? Llegan del colegio, del instituto, de la facultad, del ejército, de más atrás todavía, de los lugares de la infancia: vivían cerca de la casa de mis padres, me veían en la calle, en la parada del autobús, saliendo de la cafetería, qué sé yo. Caras que los años han ido usando, labrando, y no obstante algo en los ojos de los ojos de antaño, un vestigio en la sonrisa de la sonrisa de ayer, lo que queda de un gesto remoto en sus gestos de hoy.
Hasta las voces han cambiado, yo observando sorprendido y, para mis adentros, No puede ser, no puede ser.
¿Te acuerdas de mí? En rigor me acuerdo mal porque algo, en todo mi cuerpo, se resiste a aceptar la injusticia de la vida, el ejercicio nostálgico de épocas que han dejado de ser, la recapitulación melancólica de la memoria: ¿te acuerdas de mí?, y no personas, fragmentos de personas que me hablan de un momento que ya fue como si siguiese siendo, que me rodean de difuntos y ruinas, ruinas de emociones, de entusiasmos, de alegrías, semejantes a Pompeyas que ha enterrado la lava del olvido. Y de repente están allí y con ellas episodios desenfocados que regresan, tanta esperanza enterrada, tanto difunto que me observa de lejos, con una dulzura enternecida: ¿te acuerdas de mí? Mi comienzo favorito es el de una novela de L. P. Hartley, escritor que, supongo, ya nadie lee.
Lo leo yo. La primera frase dice así: "El pasado es un país extranjero: allí las cosas se hacen de otra manera". Y de ese país extranjero, que sigue existiendo paralelo al presente, surge de vez en cuando un abrazo, una frase, una palma enternecida que se apoya en mi hombro con una levedad esperanzada.
¿Te acuerdas de mí? y los ojos del alma con dificultad para enfocarlas, una negativa interior a aceptar los desmanes de la suerte, la certidumbre más o menos indecisa de ser todavía un hombre para más tarde. ¿Cuántos años tengo? Me da la impresión de que pocos, acabo de nacer. Nunca le he preguntado a nadie ¿Te acuerdas de mí? porque siempre soy otro. ¿Acordarse de qué? El del colegio, o el del instituto, o el de la facultad, o el del ejército, es un pariente vago, un antepasado difuso entre criaturas difusas, un fulano que probablemente nunca existió, inventado por fotografías y recuerdos imaginados. ¿Qué padres, qué abuelos, qué hermanos, qué amigos, qué compañeros de estudio, yo que me negaba a estudiar? Nunca he coleccionado nada a no ser cosas imposibles, me he pasado los días buscando picaportes en paredes sin puerta. Por ahí encontraba uno, a fuerza de insistir me metía en una habitación a oscuras, salía con un puñado de páginas ya escritas, descubiertas al tacto en un anaquel invisible. Les ponía un título, los editores las publicaban. No tengo la noción de que me pertenecen, de haberlas hecho yo mismo. Sólo anduve por allí reuniéndolas, en una especie de sueño.
Si fuese totalmente honesto no les pondría mi nombre: me he limitado a juntarlas con una obstinación sonámbula: durante toda mi existencia no he hecho otra cosa que ser un ciego recorriendo sombras. Escribir es escuchar con fuerza. Seguir escuchando lo ya escuchado. Seguir escuchando lo ya ya escuchado. Y lo ya ya ya escuchado. Y así sucesivamente. Vaciarme de lo que no sea esto para poder llenarme. No se me antoja otra tarea fuera de esta escucha perpetua.
Cuando no estamos vacíos no ocurre nada.
El secreto es avanzar sin ideas, sin planes. Dejar venir. No añadir ni quitar. Recibir con humildad la inocencia. Husmear como los animales, ir excavando, excavando.
Y abajo, después de mucha tierra, muchos caparazones de insectos, muchas hojas, muchas raíces, muchas piedras, el libro. Que no se escribe, se limpia. Una ocupación de minero sin linterna en la frente hasta encontrarnos con las personas y nosotros en medio de ellas. Una profesión de silencio hasta que nos toquen las voces. ¿De qué trata su libro? No sé de qué tratan mis libros, no sé para qué sirven. No es eso lo que me interesa. No hablo sobre ellos porque no me es posible hablar sobre ellos. Son máquinas que se me escapan.
Aparatos de los que no tengo el manual de instrucciones. Son mi desánimo y mi alegría. ¿De qué trata su libro? Pues bien, para empezar ni siquiera es mío. Andaba por ahí, lo capturé. Es decir, lo fui capturando a medida que lo escribía. Es un error leerlos, me parece. Se deben husmear como hacen los animales e ir excavando, excavando.
António Lobo Antunes
El País. Babelia
30/06/2007
04 junio 2007
Erich von Stroheim y Hollywood
(páginas 285-287)
En esta época empezó a tener serios problemas de salud, y la quimioterapia que lo mantenía con vida en estos últimos años llegó a afectar su carácter haciéndolo aun más difícil. En estas circunstancias, la siguiente llamada de Billy Wilder obtuvo una respuesta confusa. Tenía un proyecto llamado Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses). Von Stroheim interpretaría a Max von Mayerling, uno de los tres mejores directores de cine mudo, reducido ahora a sirviente de su anterior estrella y esposa, Norma Desmond. Gloria Swanson sería Norma. El guión ofrecía muchas posibilidades pero también el dolor de abrir una vieja herida. Estar en Hollywood era ya bastante doloroso, pero volver para interpretar ese papel era pedir demasiado. De todas formas, Sunset Boulevard iba a ser una película importante, del tipo de aquellas en las que a von Stroheim siempre le gustó participar. Pero este papel significaba algo más; era una cruda reconstrucción "autobiográfica" que parecía utilizarle sólo por su patético valor iconográfico. En La Grande illusion o en Five Graves to Cairo, von Stroheim podía introducirse en su conocido personaje e interpretarlo a lo largo de la película, utilizando su imagen estereotipada para añadir un nuevo sentido al producto. Pero no le gustaba el papel de Max von Mayerling, "ese maldito mayordomo", como lo llamaba... En algunos aspectos era demasiado parecido a von Stroheim, y en otros no lo suficiente. Interpretar a un oficial o a un príncipe, aun en decadencia, formaba parte de la gran charada que había sido su vida y era un papel que aceptaba fácilmente en escena y fuera de ella. Pero Wilder le estaba pidiendo que interpretase al director loco, de rasgos sentimentales y patéticos al mismo tiempo, y esta idea no le atraía nada. Se resistía a creer que toda su vida y obra habían aunque sólo fuera sugerido esta historia del artista convertido en lacayo. Sólo llegó a reconciliarse con el papel cuando aceptó el hecho de que en su vida había elementos aun más patéticos.
Hizo lo que sería su último viaje a Hollywood y como era su costumbre al encontrarse con un nuevo personaje, comenzó a redefinirlo y a darle forma. La idea de que todas las cartas que Norma Desmond recibía de sus admiradores estuvieran escritas por Max, era de von Stroheim. También él propuso que la película de Norma que se nos muestra fuera Queen Kelly. Pero Wilder no estaba dispuesto ni podía aceptar todas las sugerencias de von Stroheim. Este pensó que sería una gran idea que Max lavara y planchara la ropa interior de Norma, pero Wilder se negó a esto en rotundo. (*)
Erich von Stroheim fue nominado para el Oscar por su trabajo en Sunset Boulevard, el único signo de reconocimiento que Hollywood tuvo con él. Pero George Sanders fue el galardonado y All about Eve (Eva al desnudo) obtuvo ese año todos los Oscars que podían haber correspondido a la película de Wilder. Hollywood parecía aceptar con mayor facilidad una sátira del mundo del teatro que una investigación a fondo de sus secretos más ocultos. De hecho, al "establishment" de Hollywood le horrorizó la película y se negaron a votarla. En el primer pase de la película en los estudios de la Paramount, Louis B. Mayer, que todavía era el personaje, estalló ciego de furia. "Bastardo -le espetó a Billy Wilder- has ultrajado a la industria que te hizo y te alimentó. Deberían emplumarte y echarte de Hollywood". No conocemos la reacción de von Stroheim, si es que alguna vez oyó esta historia, pero podemos imaginarla.
Estuvo muy activo durante los últimos años, escribiendo guiones (ninguno fue producido) y novelas (se publicaron dos), y actuando en una o dos películas cada año. Procuró estar en contacto con el mundo cinematográfico y teatral de París, acudiendo a los estrenos y cenando con su grupo de amigos y con nuevas amistades. Cuando se lo permitía su economía, satisfacía sus apetencias de champán y de caballos. No podía comprar una cuadra, pero disfrutaba de los perros que él y Denise tenían en Maurepas, una residencia confortable a las afueras de París. Al ir envejeciendo, el cáncer, que finalmente acabó con su vida, le hacía cada vez más difícil el trabajar o viajar, pero era incapaz de dejar de hacerlo.
Al final yacía completamente paralizado, un destino que a su amigo Tom Curtiss le recordaba a von Rauffenstein. En este estado y poco antes de morir, el 12 de mayo de 1957, recibió la Legión de Honor. En Hollywood había llevado muchas condecoraciones, todas ellas del departamento de vestuario y otorgadas por él mismo. Las medallas eran falsas, pero von Stroheim nos convenció de que eran auténticas. Ese era su secreto de mago. Ahora que había terminado el último acto, el público le otorgaba una auténtica condecoración. Le hubiera divertido la ironía.
(*) Entrevista con Billy Wilder. Hay no obstante una escena parecida en Three Faces East, en la que von Stroheim ordena la ropa interior de Constance Bennett mientras dos criadas atisban por la cerradura. Roy del Ruth, al menos, le toleró eso.
ERICH VON STROHEIM Y HOLLYWOOD
RICHARD KOSZARSKI
Título Original: The Man You Loved to Hate. Erich Von Stroheim and Hollywood
Verdoux, 1983
320 páginas
Traducción: Rocío Westendorp
Foto portada: Erich Von Stroheim durante el rodaje de Foolish Wives
Procedencia de las fotos: Colección Richard Koszarski, Filmoteca Española, Archivo de la editorial
Publicado de acuerdo con Oxford University Press
I.S.B.N.: 84-604-7484-4
01 junio 2007
Recortes
31 mayo 2007
Diarios en Tiramillas
"John Cheever (1903-1982) es uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XX. Fue expulsado del colegio por "bajo rendimiento", con lo que su educación formal concluyó a los 17 años. Las penurias continuaron en su juventud por las depresiones y los problemas con el alcohol, que le acompañaron toda su vida. Cheever, considerado por la crítica como el más fino y sensible cronista de la sociedad americana de su tiempo, dejó tras de sí 29 cuadernos de notas escritos durante más de tres décadas. En ellos revela que su esencia fue "un muestrario de ambigüedades". Quería a su mujer y a sus hijos, pero se sentía solo; se odiaba por su afición a la bebida, pero dependió de ella; amaba a las mujeres, pero también a los hombres... Leer estos 'Diarios' es introducirnos en la íntima sinceridad de sus palabras."
28 mayo 2007
Evolución. La mujer en el arte
Leonardo Da Vinci, Raphael - Raffaello, Titian - Tiziano Vecellio , Sandro Botticelli , Giovanni Antonio Boltraffio, Albrecht Dürer, Lucas Cranach the Elder, Antonello da Messina, Pietro Perugino, Hans Memling, El Greco, Hans Holbein, Fyodor Stepanovich Rokotov , Peter Paul Rubens, Gobert, Caspar Netscher, Pierre Mignard, Jean-Marc Nattier, Élisabeth-Louise Vigée-Le Brun, Sir Joshua Reynolds, Franz Xaver Winterhalter, Alexei Vasilievich Tyranov, Vladimir Lukich Borovikovsky, Alexey Gavrilovich Venetsianov, Antoine-Jean Gros, Orest Adamovich Kiprensky, Amalie, Jean-Baptiste Camille Corot, Édouard Manet, Flatour, Jean Auguste Dominique Ingres, William Clark Wontner, William-Adolphe Bouguereau, Comerre, Leighton, Blaas, Renoir, Millias, Duveneck, Cassat, Weir, Zorn, Alphonse Mucha, Paul Gaugan, Henri Matisse, Picabia, Gustav Klimt, Hawkins, Magritte, Salvador Dali, Malevich, Merrild, Modigliani, Pablo Picasso
Su autor, Eggman913, ha eliminado otro que había realizado con actrices del cine mudo hasta hora. Con morphings tan espectaculares como este.
Visto antes en los simpáticos pixelydixel
El nadador de Portnoy
"En primer lugar cuestionar la afirmación que asegura que las mejores adaptaciones cinematográficas lo son de relatos antes que de novelas. El formato empleado por Cheever, en el que se comprime toda información narrativa para ofrecer al lector una emoción antes que una información, fracasa en la adaptación cinematográfica de El nadador. Un relato que se lee en apenas 20 minutos debe ser rellenado con imágenes ininteresantes para alcanzar la duración estándar de las películas comerciales..."
Portnoy da su visión de la peli "El Nadador"
24 mayo 2007
Nacen nuevas estrellas en la cabeza de Orión
Una nueva imagen de la cabeza de Orión, la famosa constelación que se ve desde el hemisferio norte en las noches de invierno, muestra amplias zonas en las que están naciendo estrellas, probablemente como consecuencia de la explosión de una supernova hace unos pocos millones de años. El astrónomo español David Barrado y Navascués, del LAEFF, ha liderado la observación, con el telescopio de infrarrojos estadounidense Spitzer: "Era una región poco conocida, ahora creemos que va a ser clave para el estudio de grupos estelares jóvenes".
Al tratar de clarificar mi pasado, sería mucho más fácil si pudiera contemplarlo con amargura y desdén. Si pudiera maldecir la ignorancia sexual y la suspicacia de mis padres, maldecir el horroroso derrumbe de su matrimonio, maldecir la casa, el vecindario, las escuelas a las que fui, todo sería claro y sencillo, pero sus asuntos combinaban la excelencia con la estúpida crueldad. Visto retrospectivamente, el hecho de que con frecuencia fuese muy feliz parece una enorme limitación.
Todo depende de la gomita de la perspectiva
En febrero de 1997, un Hrabal ya senil cayó del quinto piso del hospital en el que estaba ingresado mientras daba de comer a las palomas.Bohumil Hrabal
El Aleph
Traducción de Clara Janés y Jana Stancel
del relato "Hermosa Poldi"
(páginas 124-126)
Sumario
- Kafkiana
- Qué gente tan rara
- El ángel
- Lingote y lingotes
- La traición de los espejos
- El tambor roto
- Hermosa Poldi
16 mayo 2007
¿Y qué diablos le ha pasado a Johnny Cheever? (Diarios, 1969)
08 mayo 2007
Sigue la pista de El Nadador en TCM
Emisiones en TCM
- Jueves 17 Mayo 2007
- Martes 29 Mayo 2007
- Domingo 10 Junio 2007
- Sábado 23 Junio 2007

Género: Drama
USA - 1968 - 95 min.
Director: Frank Perry
Intérpretes: Janet Landgard, Tony Bickley, Janice Rule, Burt Lancaster
La película es rara, extraña, por no decir aburrida... con esas escenas psicotrópicas (¡esa carrera con el caballo!) pero no me canso de ver a Cheever (&wife) vivo en los minutos 28:23 a 28:27. Fetichismo.

04 mayo 2007
Philip Roth - Cuando ella era buena
(páginas 344-345)
Tres noches después de la desaparición de Lucy, una joven pareja de estudiantes del instituto fue al Paraíso de la Pasión para estar a solas. Cerca de la medianoche, hora en que la muchacha debía regresar a su casa, trataron de volver a la ciudad y descubrieron que las ruedas del coche se habían hundido en la nieve. En un primer momento el muchacho empujó el coche por detrás mientras su compañera se hacía cargo del volante y pisaba el acelerador. Después el joven cogió una pala del maletero y, en la oscuri












